Dr. José P. Palma Nicolás¹
¹ Facultad de Medicina, Universidad Autónoma de Nuevo León, México.
Palabras clave: Yersinia pestis, zoonosis, peste neumónica, vigilancia epidemiológica
El 1 de octubre de 2026, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) publicaron un reporte que parece remitir a otra época: la muerte de un hombre joven por peste neumónica en Arizona. El caso había ocurrido en julio de 2025, pero su investigación detallada acaba de darse a conocer en el Morbidity and Mortality Weekly Report (MMWR).
Casi simultáneamente, a miles de kilómetros de distancia, comenzaron a circular reportes sobre la muerte de una joven en la región de Irkutsk, Rusia, ante la sospecha de otra infección particularmente peligrosa, señalada por diversos medios como posible peste neumónica.
La coincidencia resulta inquietante y conduce casi inevitablemente a una pregunta: ¿está regresando la peste? La respuesta requiere poner las noticias en contexto. Porque, en realidad, la peste nunca se fue.
Un caso excepcional en Arizona
En julio de 2025, un hombre joven llegó a un servicio de urgencias del condado de Coconino, Arizona, después de dos días de dolor abdominal, dolor torácico y tos seca. Presentaba taquicardia, respiración acelerada y una marcada elevación de leucocitos. Los estudios de imagen mostraron infiltrados pulmonares compatibles con neumonía, pero no presentaba los característicos bubones —ganglios linfáticos inflamados y dolorosos— asociados con la forma bubónica de la peste.
Los médicos consideraron inicialmente otras posibilidades, entre ellas hantavirus y neumonía bacteriana. Su deterioro fue extraordinariamente rápido. A pesar del tratamiento antibiótico y del soporte respiratorio progresivo, murió menos de ocho horas después de ser hospitalizado.
La respuesta comenzó a tomar forma después de su muerte.
Los cultivos de sangre mostraron bacterias gramnegativas y los primeros análisis automatizados identificaron inicialmente Yersinia pseudotuberculosis. Sin embargo, la morfología de las bacterias, el cuadro clínico y el hecho de encontrarse en una región donde Yersinia pestis circula naturalmente hicieron sospechar peste neumónica.
Las autoridades sanitarias actuaron antes de disponer de la confirmación definitiva.
Se identificaron 46 personas potencialmente expuestas —familiares, compañeros de trabajo y personal sanitario— y todas recibieron ciprofloxacino durante siete días como profilaxis posexposición. Ninguna desarrolló la enfermedad.
Seis días después de la muerte, una prueba molecular confirmó la presencia de Y. pestis en los cultivos sanguíneos iniciales. Cuatro días más tarde, la bacteria pudo ser aislada de cultivos de sangre y tejido pulmonar.
Los gatos proporcionaron una pista
La investigación epidemiológica reconstruyó las actividades del paciente durante los cinco días anteriores al comienzo de los síntomas. No había realizado actividades al aire libre y había permanecido principalmente entre su domicilio y su lugar de trabajo.
Pero existía una exposición llamativa.
Cinco y cuatro días antes de enfermar había tenido contacto, por razones laborales, con dos gatos domésticos que presentaban síntomas respiratorios y otros signos de enfermedad sistémica compatibles con peste neumónica.
Los investigadores consideran posible que la transmisión ocurriera mediante la inhalación de partículas respiratorias procedentes de alguno de estos animales. Sin embargo, existe una limitación importante: ambos gatos habían sido sacrificados antes de que el hombre enfermara y no quedaron muestras disponibles para buscar Y. pestis. Por ello, la participación de los animales constituye una hipótesis epidemiológicamente plausible, pero no una fuente de infección microbiológicamente demostrada.
El episodio ilustra también una característica poco conocida de la peste: no es exclusivamente una enfermedad transmitida por pulgas. Los animales infectados, particularmente los gatos, pueden representar una fuente de exposición para las personas.
Una bacteria antigua en ecosistemas modernos
Nuestra imagen de la peste está inevitablemente asociada con la historia. La peste negra del siglo XIV quedó grabada en la memoria colectiva como una de las mayores catástrofes demográficas de la humanidad.
Pero Yersinia pestis no desapareció con aquellas pandemias.
La bacteria continúa circulando en reservorios animales, principalmente roedores, y mantiene ciclos naturales en distintas regiones del mundo. El norte de Arizona es una de ellas.
Entre 2000 y 2024 se habían registrado solamente ocho casos humanos de peste en Arizona. El episodio de 2025 fue especialmente inusual porque representó la primera muerte por peste neumónica registrada en ese estado desde 2007.
La forma neumónica merece especial atención. A diferencia de la peste bubónica clásica, Y. pestis se encuentra en los pulmones y puede transmitirse mediante partículas respiratorias procedentes de animales o personas infectadas. Sin tratamiento, su letalidad se aproxima al 100 %.
Pero una enfermedad extremadamente grave y transmisible no es necesariamente una enfermedad con capacidad para producir una pandemia.
Y entonces apareció Rusia
Mientras el CDC publicaba la investigación del caso de Arizona, comenzaron a conocerse informaciones procedentes de Shelejov, una ciudad cercana a Irkutsk, en Siberia.
Una mujer de 28 años murió después de haber sido hospitalizada y el área de hospitalización fue puesta en cuarentena ante la sospecha de una “infección particularmente peligrosa”. Diversos medios rusos han señalado que podría tratarse de peste neumónica.
También han circulado distintas versiones sobre el posible origen de la infección, incluida una eventual exposición ocupacional. Sin embargo, hasta el momento de publicación de esta nota, las autoridades rusas no habían confirmado públicamente que la causa de muerte fuera peste neumónica ni se había publicado evidencia microbiológica que permitiera establecerla.
Esta diferencia es importante.
Del caso de Arizona disponemos de una investigación epidemiológica publicada, pruebas moleculares, aislamiento de Y. pestis y reconstrucción de las posibles exposiciones. Del episodio ruso disponemos, por ahora, de información fragmentaria sobre un evento todavía bajo investigación.
En ciencia, una sospecha razonable merece atención, pero no debe convertirse en certeza por repetición.
Dos noticias no hacen una epidemia
La proximidad temporal entre ambos acontecimientos puede producir una ilusión epidemiológica: dos noticias sobre posible peste neumónica aparecen prácticamente al mismo tiempo y nuestro cerebro comienza inmediatamente a buscar una conexión.
Pero los acontecimientos están separados por miles de kilómetros, ocurrieron en momentos diferentes —el caso estadounidense se produjo en julio de 2025— y no existe evidencia que los relacione.
Arizona representa un caso confirmado ocurrido dentro de una región donde Y. pestis circula naturalmente. El episodio ruso permanece bajo investigación.
Lo verdaderamente relevante no es preguntarnos si la peste está “regresando”, sino comprender que algunas enfermedades infecciosas nunca desaparecen completamente porque sus agentes permanecen formando parte de ecosistemas naturales.
Controlar una enfermedad en las poblaciones humanas y eliminar de la naturaleza al microorganismo que la produce son cosas muy diferentes.
La lección de Arizona
Quizá el aspecto más interesante del reporte del CDC no sea que un hombre haya muerto de peste en pleno siglo XXI.
Es lo que ocurrió después.
Cuando los primeros resultados microbiológicos, el cuadro clínico y el contexto epidemiológico hicieron sospechar peste neumónica, las autoridades sanitarias no esperaron la confirmación molecular definitiva. Identificaron a las personas potencialmente expuestas e iniciaron profilaxis.
La confirmación de Y. pestis llegó varios días después.
Ninguno de los 46 contactos desarrolló la enfermedad.
Eso es vigilancia epidemiológica: reconocer una posibilidad peligrosa, evaluar el riesgo y actuar oportunamente aun cuando todavía falten piezas del rompecabezas.
Más de seis siglos después de que la peste quedara grabada en nuestra memoria colectiva como una de las grandes catástrofes de la humanidad, Yersinia pestis continúa circulando silenciosamente entre animales y, ocasionalmente, vuelve a cruzar hacia nuestra especie.
Un caso de peste neumónica merece atención. Una sospecha merece investigación. Ninguno de los dos, por sí mismo, demuestra el comienzo de una epidemia.
La peste no ha regresado porque nunca se fue.
Referencias
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