Acercamos la ciencia, la salud y la biología a la vida cotidiana

DIVULGATA | Ciencia para todos

Acercamos la ciencia, la salud y la biología a la vida cotidiana

DIVULGATA | Ciencia para todos

Ciclosporiasis: la enfermedad que parece nueva, pero lleva décadas entre nosotros

Ciclosporiasis: la enfermedad que parece nueva, pero lleva décadas entre nosotros

Ciclosporiasis: la enfermedad que parece nueva, pero lleva décadas entre nosotros

Dr. Romel Hernández Bello

Universidad Autónoma de Nuevo León. Facultad de Medicina, Departamento de Microbiología. Ave. Francisco I. Madero y Dr. Eduardo Aguirre Pequeño s/n, Col. Mitras Centro. C.P. 64460, Monterrey, Nuevo León, México.

Resumen: La ciclosporiasis no es una enfermedad nueva, aunque en los últimos años ha adquirido mayor visibilidad debido al aumento en la detección de casos y a la aparición de brotes asociados con productos frescos. La causa es el parásito Cyclospora cayetanensis, que llega a nuestro intestino a través de agua o alimentos contaminados, sobre todo frutas, verduras y hierbas que comemos crudas. Los brotes recientes nos muestran cómo las modernas cadenas de producción y distribución pueden convertir un simple problema de contaminación en algo que afecta a miles de personas. Al mismo tiempo, los mejores métodos de diagnóstico y las herramientas de vigilancia nos permiten encontrar casos que antes pasaban desapercibidos. La historia de Cyclospora es un buen ejemplo de cómo un patógeno que ya conocíamos puede convertirse en un problema emergente de inocuidad alimentaria.

Palabras clave: Cyclospora cayetanensis; ciclosporiasis; inocuidad alimentaria; parasitosis intestinal

 

Un parásito conocido desde hace décadas

Los primeros reportes reconocibles de infección humana por organismos que posteriormente serían identificados como Cyclospora se remontan a finales de la década de 1970. Inicialmente, los microorganismos observados en muestras fecales resultaban difíciles de clasificar y recibieron distintas denominaciones. No fue sino hasta principios de la década de 1990 cuando se estableció con mayor claridad su identidad taxonómica y su relación con una enfermedad diarreica humana (Totton et al., 2021). Esto significa que Cyclospora no acaba de aparecer. Lo que sí ha cambiado es nuestra capacidad de reconocerla, diagnosticarla y relacionar casos aparentemente aislados con alimentos distribuidos a cientos o miles de kilómetros de distancia.

Cyclospora cayetanensis es un parásito microscópico unicelular que infecta el intestino humano. Las personas infectadas eliminan ooquistes (una especie de “huevos” del parásito) en sus heces. Pero aquí viene lo interesante: esos ooquistes no infectan de inmediato. Necesitan pasar varios días en el ambiente —a veces una o dos semanas— para madurar y poder contagiar a otra persona (Almeria et al., 2019; Totton et al., 2021).

Esta particularidad tiene consecuencias epidemiológicas importantes. La transmisión directa de una persona enferma a otra es mucho menos probable que en enfermedades como la norovirosis. En cambio, el ambiente adquiere un papel central: agua contaminada, suelo y productos agrícolas pueden funcionar como vehículos capaces de conectar material fecal humano con un nuevo hospedero. Por eso las frutas, verduras y hierbas frescas aparecen repetidamente en las investigaciones de brotes.

Cuando lo saludable se convierte en vehículo

Uno de los aspectos paradójicos de la ciclosporiasis es que algunos de los alimentos asociados históricamente con sus brotes son precisamente aquellos cuyo consumo promovemos por sus beneficios nutricionales. Frambuesas, albahaca, cilantro, diferentes tipos de lechuga y mezclas de ensaladas se encuentran entre los productos que han aparecido en investigaciones epidemiológicas a lo largo de las últimas décadas. Una revisión de los principales brotes documentados hasta 2020 muestra que la asociación de Cyclospora con frutas y verduras frescas no es un fenómeno reciente (Hadjilouka & Tsaltas, 2020).

El problema no es que estos alimentos sean inherentemente peligrosos. El riesgo aparece cuando el parásito entra en contacto con ellos durante la producción, cosecha, procesamiento o manipulación. A diferencia de muchos alimentos de origen animal, que normalmente reciben un tratamiento térmico antes de consumirse, una hoja de lechuga, unas frambuesas o unas ramas de cilantro pueden llegar prácticamente del campo a nuestro plato sin pasar por ningún proceso que destruya de forma fiable al parásito.

Además, su superficie puede ser compleja: pliegues, irregularidades y zonas difíciles de lavar permiten que los contaminantes se adhieran y sea complicado eliminarlos del todo. Por ello, lavar frutas y verduras continúa siendo una práctica recomendable de higiene, pero no constituye una garantía absoluta contra Cyclospora (FDA, 2026b).

Esta diferencia es importante para la comunicación de riesgos: reconocer un brote asociado con verduras no significa que debamos dejar de comerlas. Significa entender que la inocuidad de los productos frescos comienza mucho antes de que lleguen a la cocina.

Entonces, ¿por qué escuchamos cada vez más sobre ciclosporiasis?

Durante años, gran parte de los casos identificados en países industrializados se relacionaba con viajes internacionales o con alimentos importados desde regiones donde la infección era más frecuente. Sin embargo, esa imagen epidemiológica se ha vuelto más compleja. En Estados Unidos se han documentado brotes estacionales de ciclosporiasis de manera recurrente, especialmente durante primavera y verano. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, en inglés) señalan que los brotes estacionales ocurren cada año, aunque su tamaño, distribución geográfica y fuente alimentaria pueden variar considerablemente (Shen et al., 2025).

En 2018, por ejemplo, Estados Unidos investigó múltiples brotes simultáneos; algunos se asociaron con bandejas comerciales de vegetales y otros con mezclas de ensalada distribuidas a restaurantes. Esos eventos contribuyeron a modificar la percepción de Cyclospora; es decir, dejó de considerarse únicamente un problema relacionado con viajeros para convertirse en un desafío relevante de inocuidad alimentaria dentro de las propias cadenas de suministro (Casillas et al., 2018).

Hay, además, un segundo factor: que ahora tenemos mejores métodos para detectar al parásito. El diagnóstico tradicional depende de la identificación microscópica de los ooquistes en muestras fecales, una tarea que requiere experiencia y que puede pasar por alto las infecciones. La incorporación de pruebas moleculares y paneles gastrointestinales multiplex ha incrementado la posibilidad de detectar Cyclospora en pacientes en quienes anteriormente la causa de la diarrea habría quedado sin identificar (Mathison & Pritt, 2021).

Algo semejante está ocurriendo en alimentos y muestras ambientales. El desarrollo de métodos basados en PCR (reacción en cadena de la polimerasa) y de herramientas de caracterización molecular permite identificar el parásito con una sensibilidad y especificidad cada vez mayores. Incluso se están desarrollando marcadores genéticos que permiten comparar organismos encontrados en diferentes pacientes y establecer si probablemente forman parte de un mismo brote epidemiológico (Durigan et al., 2022; Shen et al., 2025).

En resumen: una parte del aparente aumento de la enfermedad se debe a un fenómeno clásico en epidemiología: cuando mejoramos nuestra capacidad de buscar al parásito, encontramos casos clínicos que antes permanecían invisibles.

Eso no significa, sin embargo, que todo aumento sea únicamente resultado de mejores pruebas. La FDA creó en 2019 un grupo de trabajo específico sobre Cyclospora después del incremento de casos y de la identificación del parásito en productos cultivados dentro de Estados Unidos. Posteriormente desarrolló un plan dedicado específicamente a prevención, respuesta e investigación de la ciclosporiasis transmitida por alimentos (FDA, 2021).

¿Qué tan frecuentes son realmente los brotes?

Aquí es necesario evitar dos extremos.

El primero sería pensar que Cyclospora es una rareza médica sin importancia para la inocuidad alimentaria. El segundo sería asumir que cualquier ensalada representa un riesgo elevado de infección.

Ninguna de las dos interpretaciones es correcta.

La ciclosporiasis no produce tantos brotes como algunos de los grandes protagonistas de las enfermedades transmitidas por alimentos, pero los brotes asociados con Cyclospora son recurrentes y pueden alcanzar una escala considerable. Una revisión amplia de la literatura científica identificó decenas de investigaciones de brotes y numerosos estudios sobre infección humana y contaminación ambiental realizados durante las últimas décadas (Totton et al., 2021).

Una característica particularmente importante es su estacionalidad. En Estados Unidos, los casos adquiridos localmente aumentan principalmente durante primavera y verano; los CDC consideran actualmente del 1 de mayo al 31 de agosto como la temporada de mayor vigilancia. Sin embargo, también pueden presentarse casos fuera de ese periodo (CDC, 2026a).

El brote de 2026 debe interpretarse dentro de este contexto, pero también reconocer que su magnitud es extraordinaria. Al 5 de agosto, la FDA había vinculado 6,358 casos confirmados al brote asociado con lechuga iceberg proveniente del centro de México, con 278 hospitalizaciones y dos fallecimientos en personas que presentaban condiciones médicas subyacentes importantes. La investigación epidemiológica y de trazabilidad llevó al retiro voluntario del producto implicado el 17 de julio (FDA, 2026a).

Esto ilustra otra característica de las enfermedades transmitidas por alimentos en el siglo XXI: un problema microscópico puede adquirir dimensiones continentales gracias a una cadena de distribución altamente eficiente.

Una misma materia prima puede cosecharse en una región, procesarse en otra instalación y terminar, pocos días después, en restaurantes y supermercados de numerosos estados o incluso países. La misma logística que permite disponer durante todo el año de productos frescos procedentes de regiones distantes puede amplificar extraordinariamente un evento de contaminación.

¿Por qué es tan difícil encontrar el origen?

Investigar un brote de ciclosporiasis se parece en cierta medida a reconstruir una escena semanas después de que ocurrió: los síntomas no aparecen inmediatamente después de comer el alimento contaminado. Además, cuando las autoridades entrevistan al paciente, pueden haber transcurrido semanas desde aquella comida.

¿Recuerda exactamente qué contenía la ensalada que comió hace diez días? ¿Había cilantro en la salsa? ¿Lechuga en el sándwich? ¿Albahaca fresca en un platillo?

Estas preguntas son epidemiológicamente cruciales.

Los ingredientes frescos utilizados en pequeñas cantidades pueden pasar inadvertidos para el consumidor. Simultáneamente, los productos agrícolas tienen cadenas de distribución complejas y una vida comercial relativamente corta. Para cuando aparece un conglomerado epidemiológico, buena parte del lote original puede haber sido consumido o descartado.

A esto se suman importantes vacíos científicos. Una revisión de 349 estudios primarios encontró abundante investigación sobre infección humana y métodos de detección, pero muchas menos investigaciones sobre mecanismos de control del parásito en el suelo, agua y productos agrícolas antes de llegar al consumidor (Totton et al., 2021).

Por eso Cyclospora continúa siendo un campo activo de investigación.

Emergente no significa recién aparecido

La ciclosporiasis proporciona una lección útil sobre el concepto de enfermedad emergente.

Un microorganismo no necesita ser nuevo para convertirse en una amenaza emergente. Puede haber estado circulando durante décadas mientras cambian las condiciones que determinan nuestra exposición, los sistemas agrícolas, el comercio internacional, los hábitos alimentarios, las tecnologías de diagnóstico y las redes de vigilancia.

También puede ocurrir que simplemente comencemos a observar mejor algo que antes permanecía parcialmente oculto.

Actualmente, las nuevas herramientas genómicas están revelando incluso una diversidad dentro del grupo Cyclospora mayor de la que se reconocía hace pocos años. Estudios recientes han identificado patrones genéticos y especies relacionadas cuya distribución y relevancia epidemiológica todavía se están investigando (Almeria et al., 2023; Shen et al., 2025).

Por ello, afirmar que “Cyclospora es un parásito nuevo” sería incorrecto. Más preciso sería decir que constituye un viejo parásito dentro de un problema moderno de inocuidad alimentaria.

Su historia muestra cómo la microbiología, la epidemiología molecular y los sistemas de trazabilidad pueden transformar nuestra percepción de una enfermedad. Lo que antes podía registrarse simplemente como una diarrea de origen desconocido hoy puede conectarse con decenas, cientos o miles de casos ocurridos a cientos de kilómetros de distancia.

Y quizá esa sea la lección más importante del brote actual: cuando aparecen miles de casos de una enfermedad que aparentemente “no conocíamos”, la pregunta correcta no siempre es “¿de dónde salió este nuevo microorganismo?”

A veces deberíamos preguntar primero:

“¿Desde cuándo estaba allí y por qué hasta ahora somos capaces de verlo?”

Referencias

Almeria, S., Chacin-Bonilla, L., Maloney, J. G., & Santin, M. (2023). Cyclospora cayetanensis: A perspective (2020–2023) with emphasis on epidemiology and detection methods. Microorganisms, 11(9), 2171. https://doi.org/10.3390/microorganisms11092171

Almeria, S., Cinar, H. N., & Dubey, J. P. (2019). Cyclospora cayetanensis and cyclosporiasis: An update. Microorganisms, 7(9), 317. https://doi.org/10.3390/microorganisms7090317

Casillas, S. M., Bennett, C., & Straily, A. (2018). Notes from the field: Multiple cyclosporiasis outbreaks—United States, 2018. Morbidity and Mortality Weekly Report, 67(39), 1101–1102. https://doi.org/10.15585/mmwr.mm6739a6

Centers for Disease Control and Prevention. (2026a). Surveillance of cyclosporiasis.

Centers for Disease Control and Prevention. (2026b). Cyclosporiasis outbreaks and investigations.

Durigan, M., et al. (2022). Development of a molecular marker based on the mitochondrial genome for detection of Cyclospora cayetanensis in food and water samples. Microorganisms, 10(9), 1762. https://doi.org/10.3390/microorganisms10091762

Hadjilouka, A., & Tsaltas, D. (2020). Cyclospora cayetanensis—Major outbreaks from ready to eat fresh fruits and vegetables. Foods, 9(11), 1703. https://doi.org/10.3390/foods9111703

Mathison, B. A., & Pritt, B. S. (2021). Cyclosporiasis—Updates on clinical presentation, pathology, clinical diagnosis, and treatment. Microorganisms, 9(9), 1863. https://doi.org/10.3390/microorganisms9091863

Shen, J., Cama, V. A., Jacobson, D., Barratt, J., & Straily, A. (2025). Cyclospora genotypic variations and associated epidemiologic characteristics, United States, 2018–2021. Emerging Infectious Diseases, 31(2), 256–266. https://doi.org/10.3201/eid3102.240399

Totton, S. C., O’Connor, A. M., Naganathan, T., Martinez, B. A. F., Vriezen, E. R., Torrence, M. E., & Sargeant, J. M. (2021). A scoping review of the detection, epidemiology and control of Cyclospora cayetanensis with an emphasis on produce, water and soil. Epidemiology & Infection, 149, e49. https://doi.org/10.1017/S0950268821000200

U.S. Food and Drug Administration. (2021). Cyclospora prevention, response and research action plan.

U.S. Food and Drug Administration. (2026a). Investigation of 15-state outbreak of Cyclospora illnesses: Iceberg lettuce (July 2026).

U.S. Food and Drug Administration. (2026b). Cyclosporiasis and fresh produce: An overview of Cyclospora cayetanensis for farmers.

Los contenidos de este sitio son responsabilidad de sus autores y se encuentran protegidos por la legislación aplicable en materia de derechos de autor.

© 2026 Divulgata. Todos los derechos reservados.

Los contenidos de este sitio son responsabilidad de sus autores y se encuentran protegidos por la legislación aplicable en materia de derechos de autor.

© 2026 Divulgata. Todos los derechos reservados.

Los contenidos de este sitio son responsabilidad de sus autores y se encuentran protegidos por la legislación aplicable en materia de derechos de autor.

© 2026 Divulgata. Todos los derechos reservados.

Discover more from DIVULGATA | Ciencia para todos

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading